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Mostrando entradas de octubre, 2007

Invasión V

Es ya medio día, un vaso medio lleno en la mesita de noche, me encuentro con una nota pasada por debajo de la puerta durante mis sueños, dice simplemente “alguien te busca”. Yo he llegado a México sin saber donde llegaba, agarré un avión y aterricé. Pasé por Veracruz y me instalé en este motel y sobrevivo sin darme cuenta. Escribo algunas crónicas en un periódico local, busco por la noche algún olor conocido en el pelo de las señoritas y no conozco a nadie. Quizá por eso me preocupan esas palabras que como todo lo nuevo, cada día, me descolocan y me muestran la inseguridad de seguir vivo. Dejo la mano con la nota arrugada en el bolsillo. Bebo un café.

Olvido I

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Cortazar decía que el ritmo interior de su escritura se lo proporcionaba la música; yo vivo, escribo, ocultando en los tiempos débiles la historia real, los matices, la ruptura, la fuga, entrar una milésima después, permanecer en silencio durante largos compases, para ser, desaparecer. El propio Cortazar escribió un relato sobre Charlie Parker y este explico a Miles Davis, no en el relato, una lección de improvisación:Siempre hemos oído que la mentira se convierte en verdad cuando se repite una y otra vez, pues en un concierto Miles Davis dibujo una línea fuera de tono y paró, Parker, o Johny Carter que es como lo llama Cortazar , se acercó a él y le dijo: eso podría no haber sido un error, podrías haberlo continuado y hubiese sido un desgarro que pintaría tu mediocre solo en un paso adelante.

John Coltrane Quartet + Eric Dolphy. Impressions.

Stefan Zweig

Regresó a su casa tarde, ya de noche. Estaba oscura y cerrada como un ataúd. Llamó. Unos pasos se acercaron arrastrándose: su mujer abrio. Al verlo se estremeció; pero él la abrazo dulcemente y la condujo dentro. No dijeron nada. Ambos temblaban de felicidad. Él entró en su habitación: sus cuadros estaban allí, ella había recogido todos los del taller para estar cerca de él a través de su obra. Sintió un amor infinito en ese signo y comprendió de lo que se había salvado. Sin decir nada apretó la mano de ella. El perro salió como un vendaval de la cocina, dio un gran salto sobre él: todo lo había estado esperando, sintió que su auténtico ser jamás se había marchado de allí y, sin embargo, se sentía como alguien que vuelve a la vida desde la muerte.


Stefan Zweig e un párrafo de su relato Obligación impuesta del libro de relatos La mujer y el paisaje. Acantilado. 2007