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Mostrando entradas de abril, 2007

Invasión

No tiene más de quince años. Es una niña linda. Sonríe cuando la miro. Suele venir a tomar café todas las mañanas. Se sienta en la mesa que esté más cerca de la puerta y alguna vez en la barra. Su horario está muy definido, llega a las 11:00 y se marcha a las 11:30, muchas veces sola pero en ocasiones la acompaña alguien. Lleva una carpeta negra y una libreta grande con las pastas rojas. Toma una manchada con la leche bien caliente. Tiene el pelo largo y es bastante alta. Suele vestir de colores oscuros, negros y marrones, con algún toque de color rojo. No es fácil describirla. Su actitud es ambigua. Intercala dibujar en su libreta con leer algún libro. Siempre he admirado a la gente que tiene el descaro de aislarse en cualquier lugar.

Escuchen a Coltrane, nada más que decir, busquen...

Diálogo entre el Gran Kan y Mertior Marco Polo. Las Ciudades Invisibles, Calvino

- Los otros embajadores me informan sobre carestías, concusiones, conjuras, o bien me señalan minas de turquesas recién descubiertas, precios ventajosos de las pieles de marta, propuestas de suministros de armas damasquinas. ¿Y tú?-pregunto el Gran Jan a Polo-. Vuelves de comarcas tan lejanas y todo lo que sabes decirme son los pensamientos que se le ocurren al que toma el fresco por la noche sentado en el umbral de casa. ¿De qué te sirve entonces viajar tanto?
- Es de noche, estamos sentados en las escalinatas de tu palacio, sopla un poco de viento –respondió Marco Polo-. Cualquiera que sea la comarca que mis palabras evoquen a tu alrededor, la verás desde un observatorio situado como el tuyo, aunque en lugar del palacio real haya una aldea lacustre y la brisa traiga el olor de un estuario fangoso.
- Mi mirada es la del que está absorto y medita, lo admito. Pero ¿y la tuya? Atraviesas archipiélagos, tundras, cadenas de montañas. Daría lo mismo que no te movieses de aquí.
El veneciano sa…

Blue Monk, Thelonious Monk quartet

Caperucita Roja según Alberto Manguel

Hay personajes cuyo nombre revela su color (Blancanieves), su habilidad (el Zorro), su tamaño (Pulgarcito). Otros, su vestimenta. Una suerte de capote color sangre define a la arriesgada niña que soñó Charles Perrault en 1695. Algo de inocente tentadora tiene esta criatura a la vez respetuosa y aventurera, algo sutilmente atractivo que hizo que Charles Dickens, ya adulto, confesara que Caperucita Roja había sido su primer amor. "Si sólo hubiese podido casarme con ella", escribió, "habría conocido la dicha perfecta".

Perrault pudorosamente no describe el momento en que Caperucita se acuesta con la falsa abuela

El Marqués de Sade entendió que la historia de Caperucita permitía otra interpretación
Harto conocida es su historia: el encargo que le hace su madre de llevarle una tarta y un pote de mantequilla a la abuela enferma, el encuentro con el lobo traicionero, las distracciones con las que la niña se demora en el camino cogiendo nueces o persiguiendo mariposas, la trá…