Invasión

No tiene más de quince años. Es una niña linda. Sonríe cuando la miro. Suele venir a tomar café todas las mañanas. Se sienta en la mesa que esté más cerca de la puerta y alguna vez en la barra. Su horario está muy definido, llega a las 11:00 y se marcha a las 11:30, muchas veces sola pero en ocasiones la acompaña alguien. Lleva una carpeta negra y una libreta grande con las pastas rojas. Toma una manchada con la leche bien caliente. Tiene el pelo largo y es bastante alta. Suele vestir de colores oscuros, negros y marrones, con algún toque de color rojo. No es fácil describirla. Su actitud es ambigua. Intercala dibujar en su libreta con leer algún libro. Siempre he admirado a la gente que tiene el descaro de aislarse en cualquier lugar.

Comentarios

VeRa ha dicho que…
Hola Javier

sabes... antes también admiraba a la gente capaz de soportar bien en público la soledad. (era una de ellas)

Luego aprendí que es mas valeroso quien, padeciéndola, se esfuerza por sacarse de encima ese sambenito (ahora soy una de ellas... he mutado...)

Lindas cosas encontré por aqui.
Volveré
;)
srcurri ha dicho que…
Un amigo me explicó que las rutinas son las que hacen que se nos pase el tiempo más rápido; al hacer siempre los mismos recorridos no nos damos cuenta del paso de los días y, de repente, una mañana nos damos cuenta de que han pasado unos meses o unos años ya, y que esa muchacha del café tiene ya edad de tomar cerveza.