Invasión V

Es ya medio día, un vaso medio lleno en la mesita de noche, me encuentro con una nota pasada por debajo de la puerta durante mis sueños, dice simplemente “alguien te busca”. Yo he llegado a México sin saber donde llegaba, agarré un avión y aterricé. Pasé por Veracruz y me instalé en este motel y sobrevivo sin darme cuenta. Escribo algunas crónicas en un periódico local, busco por la noche algún olor conocido en el pelo de las señoritas y no conozco a nadie. Quizá por eso me preocupan esas palabras que como todo lo nuevo, cada día, me descolocan y me muestran la inseguridad de seguir vivo. Dejo la mano con la nota arrugada en el bolsillo. Bebo un café.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Yo aún era niño y me dedicaba a molestar por ahí, él estaba leyendo un libro en su sitio de costumbre, encima de una piedra con vistas al campo pero muy cerca de una calle del pueblo que a nadie cogía de paso porque no llevaba a ningún sitio más que a donde había un hombre leyendo. Ya le había preguntado otras veces qué leía y por qué leía y tonterías así, que se preguntan solo cuando uno es niño y que suelen dar lugar a respuestas enigmáticas. De modo que le pregunté por qué siempre estaba solo.
- Hecho en falta a una mujer.
Yo para dármelas de espabilado le dije.
– Hay un Nigth Club en un pueblo cercano.
- No me has entendido, -contestó- no echo de menos a una mujer cualquiera si no a una en concreto.