Un rescate más.

Recordé un relato que había leído pocos días antes de Roberto Bolaño en el que un fantasma veía como dos mozos de la morgue, la noche de su muerte, lo llevaban a casa de un diseñador de moda en París y descubría que estos dos muchachos lo habían alquilado durante una noche a este rico y sofisticado personaje, el cual se desnudaba y llegaba a correrse tumbándose y apoyando su verga sobre su cuerpo frío desnudo, aunque era mucho mejor que el necrófilo fuese alguien importante. El miedo a que fuese sodomizado le ofendía, incluso en su forma de fantasma, pero al no ser así sintió un cierto alivio. Entonces el fantasma le habló sin saber que tenía ese poder y el diseñador-necrófilo no se asustó sino que buscó la posibilidad racional para oír esa voz. No estaba loco. Al final del cuento el fantasma se quedaba a vivir con aquél que había “abusado” de su cuerpo muerto.

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