A mí también me gusta escribir de noche como a Schiller aunque todas las notas se terminan escribiendo de día. La noche, la aparición de las musas, revuelve lo más doloroso, todo aquello que nos hace sentir inseguros. La escritura como bálsamo o como “gestora” del problema. Quiero decir provocadora. La provocación de sentimientos infernales. El paso de las horas, esos minutos tristes sucedidos de cierta calma sin transición entre ellas. La tristeza es inmedible, nunca sé si estoy más o menos triste que otra vez que estuve triste. Tampoco sé cuando es mejor. Y no conozco las causas que llevan a ello. La teoría de los ciclos y las cubetas, como el mundo, tienen una vía de escape. Las vías de escape son siempre las que provocan la catarsis.

Aunque hoy no estoy triste. Pero es lo que sucede cuando una relato se inicia desde el centro saltando hacia delante y hacia atrás.

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