La mañana ha sido bastante tranquila aunque la noche ha sido poco receptiva a sueños agradables. La pesadilla ha adquirido su forma más cruel. Pero los sueños y las pesadillas tienen los mismos componentes y la diferencia se muestra en el sabor que te deja en la boca cuando se comienza a percibir la vigilia. Continúo esperando en casa a que pasen los minutos. La pesadilla de esta noche ha provocado mi huida hacia fuera. Sin vestirme ni tomar café me he duchado, dicen algunos que el agua limpia las impurezas más internas, y he salido a la calle en busca de la multitud. Llevaba conmigo el libro de la literatura nazi de Roberto Bolaño, me he sentado en una terraza de la plaza de la Universitat, he pedido un cortado y he comenzado a leer. Cuando han pasado unos 40 minutos he comprado el periódico y he buscado otro bar. Ahora conozco la historia inventada de la familia Mendiluce de dos generaciones. Padres e hijos; pensando en esa extraña relación que se crea entre los mayores y los jóvenes...