Siempre escribo la hora en la que comienzo a escribir. La hora me permite singularizar las ideas o sentimientos y cuando es el momento en el que se escriben. Aunque es falso porque no se piensan en el momento que se escriben. Habitualmente pienso más claramente por la noche y cuando me siento a escribirlo las modifico o las suavizo. Esta noche iniciaré un relato de amor, dirigido a una persona en exclusiva. Pero será falso, o al menos en parte. Comenzaré desde la segunda página o desde el segundo párrafo y el primero estará aquí escrito. Eso es mentira. En un principio es mentira. Pero, ahora, escribo los primeros caracteres que pueden ser estos que estoy escribiendo. Yo escribo, tú escribes, él escribe. Nadie tiene nada que decir, las palabras están escritas. Voy desapareciendo entre las cosas que escribo. O entre los momentos que vivo. O entre las cosas que ocurren. O entre lo que no vivo. Si cada segundo es un momento pasado, perdido o convertido en tradición. Es importante tener la...