Hubiese preferido que el doctor no fuese íntimo amigo de la familia. Al salir de la consulta estaban mi madre, mi prima, mi tía del pueblo, la vecina del tercero y mi tía abuela de la cual no sabía su nombre. Todos me abrazaron y vinieron hasta mi casa que aquel día fue la casa familiar. Al llegar allí se encontraba el resto de la familia y algunos amigos, mi mujer y mis hijo, los cuales suponía me habían olvidado, habían pasado más de tres años desde la última vez que me asesinaron. Pero aquel día me querían, me sonreían, eran humanos metamorfoseados en gatitos mansos y cariñosos con los ojos brillantes y llenos de vida. Yo pensé “extraño” ellos no pueden saber que estoy a punto de morir. Hubiese preferido que el doctor no fuese íntimo amigo de la familia. Los maravillosos y ridículos recuerdos fueron haciéndose hueco a lo largo del día, nadie dijo de ir mañana al teatro o algún libro de mil páginas que había que leer antes de morir. La gente mayor siempre tiende hablar d...