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Mostrando entradas de septiembre, 2007

Oido

- Al final no nos gusta estar siempre solos. - ¿Por eso estás conmigo ahora? - Por eso y porque tienes unos pies preciosos y suaves.

Juan Ramón Jimenez traductor.

Secreto del amor No digas nunca a tu amor, amor que nunca puede decirse; pues la brisa suave tiembla silenciosamente, invisiblemente. Yo dije a mi amor, yo dije a mi amor, yo dije a mi amor mi corazón entero, tambaleando, helado, entre pavorosos sustos. ¡Ay ! ¡ella se fue de mí! Cuando ella se había ido, un caminante llegó silenciosamente, invisiblemente; y se la llevo suspirando. Traducción de un poema de William Blake por Juan Ramón Jiménez Love's Secret Never seek to tell thy love, Love that never told can be; For the gentle wind does move silently, invisibly. I told my love, I told my love, I told her all my heart, Trembling, cold, in ghastly fears, Ah! she did depart! Soon as she was gone from me, A traveller came by, Silently, invisibly He took her with a sigh William Blake.

Invasión IV (txt rescatado)

Tras algunas experiencias pasé el resto de la noche escribiendo una carta a una mujer que no regrese a ver, y le contaba un poco de todo esto y que haría lo que hiciese falta para verla. La siguiente noche fuí al núcleo urbano de la ciudad, eran las fiestas del pueblo. Allí vi a una mujer preciosa. De pronto la perdí y estuve buscándola hasta que la encontré de nuevo. Estuve un tiempo mirándola, ella bailaba en la plaza de su pueblo, en el momento que ella se dió cuenta que un extranjero la observaba, sentí como se ponía nerviosa, le dije a mi amigo que se olvidase de mí y fui directamente hacia ella, le dije que me llamaba Antonio (no es del todo falso, es mi segundo nombre) y que era la mujer más guapa que había visto nunca, que la invitaba a dar un paseo y que quería saber todo lo que ella quisiera decirme, tan solo eso. En ese momento, no sé qué paso, unos chicos del pueblo comenzaron a insultarme, un extraño y además hablando con una de las chicas de su pueblo. Imagino que a el...
Bajo leve tutela de dioses negligentes, quiero gastar las concedidas horas de esta predestinada vida. Nada pudiendo contra el ser que me hicieron, deseo al menos que me haya el Hado dado la paz por destino. De la verdad no quiero más que la vida; que los dioses dan vida y no verdad, acaso ni ellos conozcan la verdad. Ricardo Reis.